El si­ndrome de víctima es muy frecuente en muchos matrimonios hoy en día y en diferentes niveles. En muchos casos es una situación sutil , pero en otros casos es una molestia muy fuerte para la relación. Ambos géneros son susceptibles a este sindrome, pero es bastante más frecuente verlo en las mujeres.

Este comportamiento casi siempre esta relacionado con hechos traumáticos de diversa i­ndole que no se han podido superar, tales como los malos tratos, el abuso sexual en la infancia, infidelidades u otras disfuncionalidades familiares o carencias de tipo afectivo.

Generalmente, el papel de ví­ctima culpa a las personas mas cercanas con el objeto de obtener atencion. Desde una visión vistísima siempre es el otro el que tiene el problema y les es bastante difícil identificar su propia responsabilidad en las causas que han generado el si­ndrome.

La actitud de estas personas es pasiva e inconscientemente manipuladora, se vale del chantaje emocional y suele hallarse inmersa en una eterna e inactiva espera, de que el mundo reconozca su inmenso dolor y la injusticia que se ha cometido con ella.

Este tipo de personas, suelen acometer y criticar a aquellos que no le dan la razón, de forma que quien recibe la queja, lo percibe como una exigencia; y si accede, renuncia a sus propios deseos o necesidades y si se niega experimenta culpabilidad o miedo a que el otro se enfade o lo rechace.

Las personas que sufren del si­ndrome de víctima, deben preguntarse sinceramente a la luz de la palabra de Dios, de que le sirve esa actitud. Quizás le ayude a sentirse más fuerte o protegida, a controlar mejor a los demás, a eximir ciertas responsabilidades, a censurar a otros, y a dar una imagen de buena persona.

Salmos 142: 1-2 Con mi voz clamar a Jehova Con mi voz pedir a Jehova misericordia. Delante de el expondra mi queja; Delante de el manifestara mi angustia.

Dios nos enseña en su palabra que si tenemos alguna queja con alguna persona, que le busquemos a ÉL en oración y le expongamos nuestra queja, nuestros sentimientos y el dolor que nos produce. Él nos ministrara con su palabra y nos dará la sabiduría para superar la circunstancia difícil con su paz.

Colosenses 3:12-14 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.

La instrucción de Dios para una persona que sufre del si­ndrome de ví­ctima y se ha sentido muy ofendida por su pareja es que le perdone de la misma manera que Dios le ha perdonado; y que se ponga el traje de un hijo (a) de Dios que es: misericordia, benignidad, humildad, mansedumbre y paciencia con la persona que le ofendió. Y sobre todo que decida vestirse de ese amor que Dios nos modela y que es el único vi­nculo que puede darnos la capacidad de soportarnos unos a otros.

Si reconoces con humildad y transparencia que has estado sufriendo de este sí­ndrome en alguna medida, pí­dele perdón a Dios y derrama tu dolor y tu sufrimiento delante de EL. Entonces EL te llenara de su paz y de su amor y te dará la sabiduría para tratar con tu pareja que te ha ofendido.

Reconoce delante de Dios tu actitud de víctima y toma la decisión de no quejarte ni juzgar a tu pareja ni a ninguna persona nunca más. Comienza a declarar bendiciones sobre esa persona que te ha lastimado y dale la oportunidad de restituir la ofensa con una actitud humilde, mansa y paciente.