El amor que nos vende el mundo es solo una parte superficial de lo que es verdaderamente el amor diseñado por Dios como vinculo perfecto entre los seres humanos.

Ese amor pasional, netamente emocional, es necesario al principio de toda relación amorosa, pero es totalmente insuficiente para mantener una relación saludable para toda la vida.

El verdadero amor, único capaz de sostener una relación saludable y para siempre, es el que nos describe:

1 de Corintios 13:4-7: El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no se envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, sino que se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Todas las especificaciones de 1 Corintios 13, describen el verdadero amor que puede levantar y sostener un matrimonio saludable. Podemos ver con claridad que está enfocado en el bienestar del otro y no del propio.

Aquí se nos enseña que el verdadero amor está dispuesto a sufrir, ceder, y servir por el bienestar de la persona amada. Es un amor totalmente desprovisto de egoísmo, porque está enfocado en el beneficio del otro y no del propio. Es un amor de entrega incondicional.

Ese verdadero amor es el único que tiene la capacidad de sufrirlo todo, creerlo todo, esperar que todo estará bien y soportar cualquier falla y error del cónyuge. El amor que produce dolor es una experiencia que si se maneja correctamente, nos puede ayudar a crecer y mejorar como personas.

La idea de Dios es que los dos miembros de un matrimonio se comprometan a vivir esa clase de amor de manera incondicional y permanente. Si una pareja vive en función del amor verdadero, será una pareja saludable, estable, funcional y disfrutará de cosas muy lindas de la vida, así como de hijos muy saludables emocionalmente.

El problema más difícil que enfrentamos, es que las personas hoy en día quieren vivir a su manera subjetiva de ver las cosas. Entonces amar a la manera de Dios, muchas personas lo consideran una práctica del pasado que ya no se aplica hoy, lo cual es un grave error y las consecuencias son evidentes.

No obstante, tenemos que entender que amar de esa manera sacrificial, no es fácil. Primero, se necesita de una convicción sólida en el corazón, y una decisión de hacerlo, a pesar de lo que venga, con la motivación más importante que podemos tener como hijos de Dios: obedecer y agradar a nuestro Padre Celestial.

Cuando las personas no quieren amar de manera sacrificial y con un compromiso de por vida, nunca podrán disfrutar de un matrimonio y una familia saludable ni le dejarán un legado saludable a sus hijos.

Si quieres aprender más para obtener un Matrimonio saludable, escríbenos y te ayudaremos a lograrlo.

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Tú matrimonio y tu familia es el tesoro más valioso que Dios te ha dado. ¡Cuídalo!

QUE DIOS BENDIGA TU MATRIMONIO Y TU FAMILIA.

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