Nuestro Padre Celestial dejó establecido en la Biblia cómo una mujer debe tratar a un hombre. Estamos en una etapa de la historia de la humanidad en que los matrimonios se relacionan con responsabilidades compartidas de acuerdo a conveniencias, pero no de acuerdo al diseño de Dios.

Efesios 5:33 dice: Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido. Dios a lo largo de toda la Biblia manda al hombre a amar a su esposa, pero manda a la esposa a respetar a su esposo y la enseña cómo se debe tratar a un hombre.

Respetar a su esposo significa tenerle consideración y reconocimiento como su autoridad espiritual. Del contexto bíblico y de la experiencia, podemos deducir con absoluta certeza que la necesidad fundamental de la mujer es sentirse amada y la del hombre sentirse respetado. Efesios 5:22-24 Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.

Esta instrucción bíblica es muy difícil de aceptar para muchas mujeres, especialmente aquellas que han sido lastimadas por un esposo. ¡Pero es un comando bíblico! No obstante debemos aclarar que la sujeción al marido no significa que el marido es el “jefe”. habla de una actitud respetuosa para con él, apoyándolo como una ayuda idónea y como una mujer sabia que edifica el hogar,  significa que la mujer tiene voz y voto, pero respeta la identidad de su esposo como el Líder de la Familia.

La sujeción tiene también límites. Una esposa no debe seguir a su esposo si él le pide que haga cosas que están fuera del orden Bíblico, porque antes que la autoridad del esposo o de cualquier otra persona, está la autoridad de la palabra de Dios. Los comandos de Dios son los que deben prevalecer sobre la vida de todos los hijos de Dios.

1 Pedro 3:1-4 Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, para que también los que no creen a la palabra sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, al considerar vuestra conducta casta y respetuosa. Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible adorno de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.

La instrucción bíblica enseña claramente que la esposa puede ganar aun al esposo inconverso con una conducta sabia y respetuosa para con su marido. Le enseña que lo va a ganar más con su actitud que con sus palabras. Dios dice que no usen las palabras para ganar a su marido, sino acciones respetuosas y serviciales hacia su esposo, con un espíritu tranquilo y un corazón amable y apacible. No depende de si su esposo lo merece o no; es la instrucción bíblica.

A través de nuestra experiencia como Consejeros, hemos visto como muchas mujeres, especialmente hoy en día, pretender manejar a sus esposos y hasta gobernarlos. Entonces, dependiendo del temperamento del varón, si es de temperamento fuerte, se producen fuertes peleas entre ellos; y si el varón es de temperamento suave, entonces la mujer lo puede anular completamente. Y después se quejan que su esposo no sirve para nada! La femineidad de una mujer se establece, según el contexto bíblico, por medio de su actitud interna, un espíritu afable y apacible que es de gran estima delante de Dios. Habla de una actitud respetuosa, amorosa y tierna para su esposo.

La mujer no debe ni puede asumir actitudes machistas con su mismo esposo. No estamos de acuerdo bajo ninguna circunstancia con ningún tipo de abuso en contra de la mujer. El comando de Dios es que nos amemos y que seamos mansos y tolerantes. Pero si hay una situación de violencia, se deben separar temporalmente para sanarse individualmente y luego restaurar la relación.

Tu matrimonio y tu familia es el tesoro más valioso que Dios te ha dado. ¡Cuídalo!