Cada día vemos más familias destruidas, con hijos que están aprendiendo que el matrimonio es un estado temporal y que se puede cambiar cuantas veces sea necesario. Se le está enseñando a las nuevas generaciones que no hay porque aguantar las deficiencias y errores de una pareja y que es mejor romper una relación que perdonar y trabajar para cambiar actitudes.

Juan 1:3 sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios y a Dios iba, se levantó de la cena, se quitó su manto y, tomando una toalla, se la ciñó.  Luego puso agua en una vasija y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secarlos con la toalla con que estaba ceñido.

Juan 1:12 Así que, después que les lavó los pies, tomó su manto, volvió a la mesa y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros, porque ejemplo os he dado para que, como yo os he hecho, vosotros también hagáis.

El Señor Jesucristo dio esta enseñanza magistral en la última reunión con sus discípulos antes de ser entregado y crucificado. EL quería dejarnos un último mandato que es fundamental para tener relaciones saludables con otras personas.

En la época de Jesus, el acto de lavar los pies, era considerado una atención especial a una persona que visitaba una casa de alguien importante. Esa persona era considerada con una dignidad muy especial. Y era el trabajo de los siervos más humildes en las casas, porque significaba lavar unos pies llenos de polvo y suciedad.

La esencia de la enseñanza de Jesucristo, que después ÉL la convierte en un mandato, es que debemos lavarnos los pies los unos a los otros, así como él lo hizo con los discípulos. En el contexto matrimonial es donde se debe aplicar este mandato más que en ninguna otra relación humana. Porque es en este contexto donde más nos exponemos a ensuciarnos constantemente con ofensas y heridas.

Lavarnos los pies en el matrimonio significa una actitud de limpiar y lavar las debilidades, las fallas, los errores, las ofensas, heridas y los defectos de nuestra pareja; porque es el ser humano más importante de nuestra vida y al que le debemos una atención y trato digno acorde al valor que Dios le ha dado. Lavarnos los pies también significa una actitud de servicio a nuestra pareja, ayudándole en todo y procurando siempre su bienestar, primero que el nuestro!

Para tener esta actitud de lavarnos los pies, debemos tomar la decisión de obedecer a Dios incondicionalmente y necesitamos una alta dosis de humildad, mansedumbre y paciencia. Muchas veces no tendremos ganas de hacerlo porque estamos heridos y nos cuesta perdonar; pero es en este punto donde se demuestra si realmente tenemos el Espíritu del Señor en nosotros, o si somos simplemente religiosos!

Este mandato de lavarnos los pies en el matrimonio el uno al otro, debemos hacerlo como un acto de obediencia; no porque nuestro cónyuge lo merezca o no. Porque siempre vamos a tener “razones” para no ceder, no perdonar, no aguantar. Pero si verdaderamente eres un(a) hijo(a) de Dios, entonces lo vas a hacer para obedecer y honrar a nuestro Padre Celestial.

Si te cuesta mucho obedecer y honrar a Dios en este mandato, se humilde, busca ayuda, esfuérzate hasta lograrlo y ten paciencia. A su tiempo verás la recompensa de Dios en tu vida, en tu familia y en toda tu vida.

Si tu matrimonio no avanza y siente que está estancado a pesar de que han intentado restaurarse y fortalecer la relación, probablemente hay heridas tapadas pero no sanadas. Les recomendamos que busquen apoyo con una pareja de Mentores de Libres para Amar en su comunidad o escribanos a: matrimonios@libresparaamar.org